top of page

Alertas sanitarias, contrabando y falsificación: la coyuntura del mercado de fórmula infantil


El inicio de 2026 dejó al descubierto una de las vulnerabilidades más sensibles del comercio de consumo masivo en América Latina: la seguridad de las fórmulas infantiles. En pocas semanas, dos autoridades sanitarias de la región —el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) de Colombia y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) de México— emitieron alertas independientes que, aunque responden a fenómenos distintos, convergen en un mismo diagnóstico: el mercado de nutrición infantil premium es un blanco atractivo para el comercio ilícito, el contrabando y la falsificación, con consecuencias que trascienden lo comercial y alcanzan directamente la salud pública.


El caso colombiano se originó el 26 de enero de 2026, cuando el INVIMA emitió una alerta sanitaria sobre lotes específicos de las fórmulas Alula Gold Premium y Alula Gold Comfort Premium (INVIMA, 2026), comercializadas por Sanulac Nutrición Colombia S.A.S. La alerta identificó contaminación con la toxina cereulida, un metabolito asociado a la bacteria Bacillus cereus con capacidad de generar cuadros de intoxicación en lactantes, población de máxima vulnerabilidad fisiológica. El origen de la notificación no fue nacional, sino que llegó a través de dos mecanismos de vigilancia internacional: la Red Internacional de Autoridades de Inocuidad de los Alimentos (INFOSAN) y el Sistema de Alertas Rápidas para Alimentos y Piensos de la Unión Europea (RASFF), lo que evidencia que la detección del riesgo ocurrió fuera de las fronteras colombianas antes de activar la respuesta local. El INVIMA publicó un listado de más de treinta presentaciones y lotes afectados, con vencimientos hasta finales de 2027, y solicitó a las secretarías de salud territoriales adelantar acciones de búsqueda activa, inspección y control, además de exhortar a distribuidores a no comercializar los lotes señalados, bajo advertencia de medidas sanitarias de seguridad. Sanulac, por su parte, inició de manera voluntaria el retiro del mercado de los lotes contaminados, respuesta que mitiga el riesgo inmediato pero no elimina la exposición derivada de los canales informales de distribución.


Un patrón similar, aunque de naturaleza distinta, se presentó en México. La COFEPRIS emitió en enero de 2026 una alerta sobre productos apócrifos de la línea Similac, de Abbott Nutrition, detectados principalmente en comercio electrónico y mercados digitales; llamado de atención que se venía presentando desde el año anterior. A diferencia del caso Alula Gold, no se trata de un problema de calidad en la producción legítima, sino de falsificación pura: el fabricante desconoce el origen de los lotes apócrifos, lo que implica ausencia total de certeza sobre higiene, ingredientes y procesos bajo los cuales fueron elaborados. La autoridad mexicana instó a la población a abstenerse de adquirir fórmulas infantiles en plataformas digitales de procedencia dudosa y a denunciar establecimientos o perfiles de venta sospechosos.


Aunque ambos episodios tienen orígenes diferentes; uno derivado de un fallo detectado en fase avanzada de control de calidad y otro de falsificación deliberada, su lectura conjunta revela una coyuntura regional de fondo. El mercado colombiano de fórmulas infantiles ya mostraba vulnerabilidad estructural frente al comercio ilegal: el propio INVIMA ha emitido alertas previas por venta de fórmulas sin registro sanitario a través de comercio electrónico, conducta clasificada como alimento fraudulento conforme a la Resolución 2674 de 2013. Esto significa que, más allá de la alerta sobre Alula Gold, existe un riesgo indirecto pero crítico: que los lotes retirados reaparezcan en canales informales o digitales, eludiendo los controles y llegando de todas formas a consumidores vulnerables sin conocimiento del riesgo sanitario que representan.


A esto se suma el riesgo de falsificación de marca, con precedentes documentados en el segmento lácteo colombiano. El INVIMA ha alertado previamente sobre la falsificación de leche en polvo de marcas como Proleche e Induleche, lo que confirma la capacidad instalada del crimen organizado para replicar empaques y productos lácteos de consumo masivo. Bajo esa lógica, una marca premium como Alula Gold, atravesando una crisis de imagen derivada de la contaminación por cereulida, se convierte en blanco atractivo para falsificadores que buscan aprovechar la coyuntura mediática y la desconfianza instalada en el consumidor. El caso Similac en México confirma que esta dinámica no es hipotética: marcas internacionales de alto reconocimiento ya han sido víctimas efectivas de falsificación.


La dimensión regulatoria y operativa del problema tampoco se limita a un solo país. Sanulac reportó la misma contaminación por cereulida en México, en productos importados desde Francia, y en Chile notificó una alerta equivalente ante el SERNAC para las fórmulas Alula Gold distribuidas entre 2025 y 2026. La exposición simultánea en tres mercados latinoamericanos multiplica los costos del retiro, complejiza los procedimientos regulatorios ante autoridades distintas y amplifica el impacto reputacional de manera transnacional, exigiendo a las compañías coordinación jurídica y comunicacional simultánea en múltiples jurisdicciones.


Finalmente, no puede subestimarse la dimensión reputacional y emocional del fenómeno. Las fórmulas infantiles constituyen, probablemente, el producto de consumo masivo con mayor sensibilidad emocional del mercado, dado que involucran directamente la salud de lactantes. Cualquier alerta sanitaria en este segmento activa una respuesta mediática y social desproporcionada frente a otros productos, generando abandono de marca incluso entre consumidores que nunca adquirieron los lotes afectados.


En síntesis, el resumen ejecutivo de riesgos que se desprende de ambos precedentes permite identificar cinco frentes principales: el contrabando de lotes retirados, calificado como riesgo alto por su impacto directo en la salud pública y en la exposición a sanciones regulatorias; la falsificación de la marca, también de nivel alto, con consecuencias sobre la reputación corporativa y la responsabilidad legal de los fabricantes; la contaminación en la cadena de suministro, de nivel medio-alto, traducida en costos de retiro y eventuales litigios; la exposición regulatoria multinacional, igualmente medio-alta, asociada a mayores costos operativos y sanciones en distintas jurisdicciones; y el daño reputacional frente a los consumidores, de nivel medio, con incidencia directa en la pérdida de participación de mercado. En conjunto, estos riesgos configuran un escenario en el que la seguridad sanitaria, la cadena de suministro y la vigilancia del comercio ilícito dejan de ser variables independientes para convertirse en un mismo problema de gestión integral para la industria de nutrición infantil en la región.


Referencias



Comentarios


bottom of page